lunes, 7 de abril de 2008

El rezo de la novilla - Capt.XII

Hay una anécdota muy interesante de mi tío el Coronel Efraín Vivas, pero muy difícil de creer salvo en mi caso porque fui testigo presencial de la misma.

Una vez mi padre envió un telegrama avisando que iba para Colón y a la Estación Táchira a comprar gasolina, para que se lo comunicaran a mi tío Efraín, pues cada vez que mi padre iba a la Estación Táchira, ellos pasaban largas horas conversando y probablemente recordando los largos años del exilio en Colombia junto al General Juan Pablo Peñaloza.

Como mi tío se encontraba en una posesión que tenía en un campo cercano, mi abuela me envió para el campo a llevarle el mensaje de mi padre. Salí para el campo como a las 9:00 de la mañana con la intención de regresar el mismo día, ya que el conuco estaba a dos o tres horas de camino. Entregué el telegrama a mi tío y me dieron de almuerzo carne asada, queso blanco fresco y leche.

Cuando iba a regresar para el pueblo cambió el tiempo y empezó a llover copiosamente, finalmente cuando escampó dijo mi tío: “mirá muchacho, será mejor que regrese conmigo por la mañana, así que te voy a guindar una hamaca para que duermas esta noche”.

Recuerdo que ya cayendo la noche, mi tío estaba con un Señor negociando la compra de un toro padrote cuando se presentó un vecino a pedirle que por favor le “rezara” a una novilla que estaba cundida de nuches (gusanos), mi tío un tanto preocupado le respondió:
“mire compadre, horita estoy muy ocupado y por la mañana me voy para Colón, cuando regrese se la rezo”.

El vecino muy preocupado por la respuesta le suplicó el favor y le dijo:
“¡Ay, compadrito! si Usted no me reza hoy la novilla se me muere, hágame ese favorcito y que Dios se lo pague”. Ante esta súplica insistente del compadre, mi tío le preguntó:
“¿Decíme el color de la novilla y dónde la tenés?”.

El vecino le dijo que era Blanquinegra y que estaba en la “ramada” (cobertizo como especie de establo).
Entonces mi tío le respondió:
“Compadre váyase tranquilo que esta noche se la rezo”.

Yo me fui esa noche a dormir en mi chinchorro pensando en la bendita novilla y la promesa de mi tío.
A la mañana siguiente muy tempranito le pregunté a un peón que estaba ordeñando, que dónde quedaba el conuco del compadre que vino la noche anterior y él me respondió que estaba a la entrada a unas tres (3) cuadras. No pude resistir la tentación de visitar al vecino, pues tenía tiempo ya que mi tío me dijo que saldríamos para Colón como a las 9:00 a.m., después del ordeño.

Efectivamente fui a visitar al vecino y le pregunté cómo había amanecido la novilla enferma, a lo cual me respondió:
“Pues, no sé, porque todavía no he ido a verla, pero ya que vino usted, vamos a la ramada a darle una ojiada”.

Al entrar en la Ramada el espectáculo que vimos era impresionante, había en el suelo una cantidad considerable de nuches, (gusanos) muertos de unos dos (2) centímetros cada uno y a la novilla en el lomo y las orejas se le veían los huecos por donde sangraba. El vecino exclamó:
“¡Gracias mi compadrito por curarme la novilla! horita voy a bañarla con agua y creolina para espantarle las moscas”.

He aquí el relato del “rezo” de la novilla Blanquinegra. Ahora surgen las preguntas de las 64.000 lochas:
¿Fue una coincidencia?
¿Sabía el Coronel Efraín de verdad “rezar” el ganado?
¿Dónde lo aprendió?
¿Quién se lo enseñó?

Por lo visto son preguntas sin respuestas lógicas ni científicas. Yo lo vi, lo presencié, y lo recuerdo desde mis 13 años, sin embargo, hay algo de misterio como en aquella célebre frase muy conocida: “yo no creo en brujas.... pero de que vuelan, vuelan”.