jueves, 24 de julio de 2008

Las promesas: Tradición de la Colonia

Esta hermosa tradición católica que nos legaron los españoles durante la colonización, se arraigó en nuestro pueblo convirtiéndose en una especie de costumbre, que aún hoy día es muy respetada en la región de Los Andes, en toda Venezuela e incluso en la América Latina, por nuestros padres y abuelos, y que se va trasmitiendo de generación en generación, con respeto y devoción.

Adquirir el compromiso de cumplir con una promesa contraída ante una virgen o santo de su devoción, era muy normal y respetado en el pasado y continua siéndolo en el presente, cuando se presentaba una necesidad apremiante o enfermedad en algún miembro de la familia, nuestros padres, madres, abuelos o abuelas, acudían a su santo o virgen y le rogaban por la solución al problema, comprometiéndose a su vez a cumplir con el pago de una “promesa” ante el santuario del santo, en el lugar de su veneración.

Estas promesas solían o suelen ser muy variadas tales como: Visita personal al santuario de la virgen o santo, asistir a la misa, llevarle una ofrenda representativa de la promesa, la medalla de graduación, trajes, una placa grabada, joyas o prendas de oro, etc.

Esta maravillosa tradición del pago de una promesa por un favor concedido la podemos ver todos los años en los santuarios aquí en Venezuela y bastaría con mencionar algunos de ellos.

El Nazareno de San Pablo los miércoles santos en la iglesia de Santa Teresa en Caracas. Es impresionante ver desde las 6 A.M. esa larga fila de niños, mujeres y ancianos, vestidos de Nazareno haciendo su cola para cumplir con el pago de una promesa por un favor concedido.

  • El 8 de septiembre en el santuario de la Virgen Del Valle en la Isla de Margarita.
  • El 18 de noviembre en la Basílica de la Virgen Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en Maracaibo y Patrona del Estado Zulia, de la Guardia Nacional y de la hermana república de Colombia.
  • El 8 de septiembre en el Santuario de la Virgen de Coromoto Patrona de Venezuela en Guanare.
  • El 14 de enero en la iglesia de Santa Rosa de Barquisimeto ante La Divina Pastora. Allí se efectúa cada año la más grande procesión católica de Venezuela y la segunda a nivel mundial después de la procesión de la Virgen de Guadalupe en México.
  • El 6 de agosto en la Basílica de La Grita estado Táchira ante el Santo Cristo de La Grita.
  • El 26 de octubre en el Santuario de Isnotú, en el estado Trujillo, ante el venerable José Gregorio Hernández.

Es verdaderamente impresionante observar las vitrinas en los santuarios donde se encuentran los regalos y ofrendas recibidas en pago de promesas concedidas; allí se pueden ver medallas de graduación, prendas de oro, joyas, placas grabadas, regalos diversos y a la Divina Pastora le regalan trajes de costosa elaboración, contando con una impresionante colección, digna de una reina.

A mi personalmente me tocó pagar una promesa contraída por mi padre, cuando en 1969 estuve en Colombia reclutando personal técnico artesanal para C.V.G. Sidor C.A. Mi padre al saber que iba para Bogotá me dijo:
“Hijo el 10 de mayo de 1956 fuí con tu mamá a pagar una promesa a la virgen de Chiquinquirá pero, aún tengo pendiente el pago de una misa a la virgen”.

Ya en Colombia fuí en autobús a Chiquinquirá en el Departamento de Boyacá a unas dos horas de Bogotá y me presente en la oficina del santuario de la virgen donde fui atendido por un fraile dominico, le expliqué el motivo de la visita y tomó nombre de mi padre pero de paso me contó parte de la historia de la virgen, cuando el 26 de diciembre de 1586 se efectuó el milagro de la renovación del cuadro de la virgen, el cual se encuentra en la Basílica Mayor de la ciudad bajo la custodia de los Frailes Dominicos, siendo la Patrona de la República de Colombia.

Durante los días que pasé en Bogotá visité el santuario de Montserrat. A éste santuario se llega por un funicular y de la estación al santuario hay una escalinata de piedra, allí presencié un gran número de personas de toda Colombia que iban a pagar promesas y mi impresión fue ver, a muchos de los penitentes, subir de rodillas las gradas de piedra para llegar al santuario.